TARDE

La mujer que había dentro de mi empezó a emitir reproches de impotencia al vacío mientras mis ojos se escandalizaban. A cada paso que avanzaba hacia su cama la imagen era más atroz. Nunca pensé que los temores de Sara pudieran confirmarse. Ayer se fue de mi casa asustada porque había discutido con su marido y yo le dije que lo hablara con él, que haber perdido las llaves de casa no era tan grave. Hoy, a la vez que me culpo de no haber estado a al altura, me acerco a una cama de hospital y ni siquiera la conozco.

CAMPANILLA

No consigo recordar qué es un hada.
Cuando Peter Pan me presentó a Campanilla en el país de Nunca Jamás, le prometí que siempre recordaría el camino desde mi cama hasta allí. Ella era alegre, risueña y jovial. Desprendía luz y me trasmitía confianza, como una ligera sensación de que no tenía que tener miedo a soñar, a volar.
Cada noche, le contaba problemas que había tenido en el cole, lo poco que me gustaban las matemáticas o me quejaba por las verduras que mi madre me había obligado a engullir. Campanilla me decía que las verduras me hacían fuerte y que las matemáticas me ayudarían a saber utilizar mi inteligencia cuando fuese mayor.
Un día, me advirtió que con el tiempo, me sería más difícil creer en ella y yo me enfadé, indignada por la poca confianza en mí, que encerraban aquellas palabras. Campanilla, efectivamente, no se equivocó y mil años después he comprobado que tenía razón.
Hoy mis alas no se acuerdan de volar.

MI CAJA DE GALLETAS

Guardo mi caja de galletas en la estantería. Es de esas viejas tan ornamentadas que siempre tenía mi abuela en casa y que encerraban pequeñas pastas de té, buenísimas por cierto. Los bordes son azules pero dentro tiene dibujadas postales y estampas de la Londres del siglo pasado. Aparentemente no es más que una vieja caja de lata oxidada llena de entradas de cine, sin embargo, esconde secretos, miradas, sonrisas y hasta mis miedos. La última vez que la abrí encerré una ilusión, que por imposible no podía llevar conmigo…sin embargo, no fui capaz de deshacerme de ella, así que la metí en mi caja de secretos.
En mi caja de galletas también escondo los momentos especiales que suceden cada día, los que quiero recordar de vez en cuando porque me ayudan a seguir adelante. Guardo las canciones de la banda sonora de mi vida y guardo las miradas que me han hecho estremecer. En mi caja de galletas guardo mi primer beso, que no me gustó, es cierto, pero le tengo cariño. Lo bueno de mi caja de secretos es que no tiene fondo y nunca me dice que no caben mis pequeños grandes tesoros…en mi caja de galletas hay un hueco para ti.
Para cuando me regales un momento, un suspiro, una mirada….ya sabes, es la caja de mis imposibles y de mis ilusiones frustradas. La caja de mis musas y mi inspiración. En mi caja de galletas, ya te digo, hay un hueco para ti.

MARIO-DUALIDAD

Cada mañana al despertar en su lujosa mansión el señor Toledano se preparaba para ir al trabajo: comía un buen desayuno, leía el periódico, escuchaba alguna melodía en su lujoso reproductor de música admirando los cuadros comprados en galerías de Nueva York...Una vez relajado se dirigía a la actividad más importante: la preparación de su atuendo. Tenía que cuidar bien la imagen. Con esto en mente emprendía la tarea de ataviarse de mendigo para así pedir monedas por la calle.