Las contradicciones de un mundo que avanza y retrocede al mismo tiempo nos hacen plantearnos si estamos haciendo las cosas bien. Países como EEUU tienen cárceles de cinco estrellas y al mismo tiempo legitiman la tortura y los malos tratos. En el día mundial de apoyo a las víctimas de la tortura, organizaciones como amnistía internacional, denuncian que en 102 países del mundo se registran casos de tortura y malos tratos a manos de las fuerzas de seguridad, la policía y otras autoridades del estado. Así, casos como los de EEUU, se dan en China, Argelia, Egipto, Marruecos, Irak, Méjico, Rusia o Brasil. Es preocupante, no sólo el hecho de que hoy en día no todas las naciones tomen medidas para erradicar todas las formas de tortura, sino que algunos de ellos, incluso las estén fomentando, mientras otros cierran los ojos o permiten que se practiquen en su nombre.
El uso de la tortura nunca está justificado, por lo que la comunidad internacional debe oponerse firmemente a los intentos de legitimar este tipo de prácticas que infringen el derecho internacional que prohíbe absolutamente la tortura, incluso en estado de guerra.
NOMBRES Y APELLIDOS
En el último año salieron a la luz más indicios de abusos sistemáticos perpetrados por Estados Unidos y sus aliados en el contexto de la “guerra contra el terror”, como reclusiones secretas, desapariciones forzadas y torturas y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes. Muchas de las personas recluidas en Guantánamo y en otros lugares llevan años detenidas sin juicio y han sido sometidas a técnicas de interrogatorio que equivalen a tortura o malos tratos. Las pocas personas detenidas en Guantánamo contra las que se han formulado cargos se enfrentan a tribunales militares que admiten pruebas obtenidas bajo tortura y que socavan el derecho de los acusados a disponer de asistencia letrada adecuada. Estos tribunales distan mucho de cumplir las normas internacionales, y este hecho, junto con la naturaleza de la reclusión de los sospechosos, comporta la probabilidad de que las declaraciones de culpabilidad sean de por sí poco fiables. Una de las novedades más peligrosas ha sido que Estados Unidos ha desafiado abiertamente la prohibición absoluta de la tortura y los malos tratos, y esto ha fomentado que otros gobiernos hicieran lo mismo. Guantánamo, los centros de detención secreta y la externalización de la tortura mediante entregas “extraordinarias”, en numerosas ocasiones con la complicidad de gobiernos europeos, se han convertido en símbolos ostensibles del abuso de poder por parte de Estados Unidos y en una motivación para que otros gobiernos rechacen el Estado de derecho y para que los grupos armados no lo respeten. En Egipto, Jordania, Siria, Túnez y Yemen se enjuició a presuntos terroristas y opositores políticos ante tribunales militares o especiales y en muchos casos se los declaró culpables en juicios injustos sobre la base de “confesiones” presuntamente obtenidas mediante tortura. Los gobiernos de Egipto y Pakistán manipularon el miedo a atentados terroristas para promulgar leyes que minaban derechos humanos fundamentales y para justificar violaciones de derechos humanos, como la tortura y los malos tratos, la detención arbitraria y la negación de un juicio justo.
AUTORIDADES
Los gobiernos pueden hacer muchas cosas para fomentar la erradicación de la tortura y los malos tratos en otros países: a través de sus embajadas pueden observar la práctica de la tortura en un determinado país y plantear sus motivos de preocupación al gobierno pertinente. También hace falta que se den pasos para controlar el comercio de material utilizado para administrar torturas. No caben excusas, ni justificaciones banales, ni amenazas. No cabe posibilidad alguna de explicar el por qué de palizas, agresiones y malos tratos. No caben cortinas de humo que escondan lo que no queremos ver. La realidad es una, verla depende de nosotros mismos.
ÁNGEL DE LA GUARDA
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JESSICA
Cierro los ojos
y percibo una silueta que se acerca.
La sombra se coloca frente a mi
y unos brazos fuertes y protectores me rodean.
Entonces me doy cuenta.
Eres tú, que estás conmigo.
Sigues ahí, jamás te has ido.
Sigo sin abrir los ojos,
susurrás algo en mi oído.
No puedo olvidar sonreír
todo vuelve a tener sentido.
y percibo una silueta que se acerca.
La sombra se coloca frente a mi
y unos brazos fuertes y protectores me rodean.
Entonces me doy cuenta.
Eres tú, que estás conmigo.
Sigues ahí, jamás te has ido.
Sigo sin abrir los ojos,
susurrás algo en mi oído.
No puedo olvidar sonreír
todo vuelve a tener sentido.
FUGACIDAD
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JESSICA
Un rostro cansado mira a través de la ventana,
la lluvia resbala sobre un fracturado cristal.
De repente siente nostalgia, al recordar otros tiempos
en los que los días venideros se ofrecían mejores.
Ahora, con varias decenas de años a su espalda
no alcanza a entender cómo la vida
se le ha escapado de las manos.
la lluvia resbala sobre un fracturado cristal.
De repente siente nostalgia, al recordar otros tiempos
en los que los días venideros se ofrecían mejores.
Ahora, con varias decenas de años a su espalda
no alcanza a entender cómo la vida
se le ha escapado de las manos.
EL POR QUÉ DE PESCAR ESTRELLAS
Publicado por
JESSICA
Alguien, a quien aprecio, me describió como una pescadora de estrellas y he de reconocer que al principio no me agradó la descripción, quizás por lo de la “pesca”. No me sonaba bien. Cuando tuve un poco de tiempo para meditarlo, me dí cuenta de que quizás sí fuese una buena forma de mostrarme. UNA PESCADORA DE ESTRELLAS.
No sé si pesco estrellas, pero sé que las persigo. Y las persigo porque sé que son escasas. Cuando levantamos la vista vemos, en las noches despejadas, una gran cantidad de astros. Sin embargo, muchas nos quedan muy lejos y otros son falsos e imaginaros, estoy segura. Son sólo espejismos, fachadas, estrellas hipócritas que resultan ser diferentes a lo que prometieron ser.
Algo similar ocurre con las personas. Yo persigo a las personas auténticas y firmes a su escala de valores. Tan imperturbables como moderadas y tolerantes. Busco personas de las que hacen la vida más fácil y que no han sido pervertidas por la sociedad actual. Por su continuo vaivén. Por un contexto en el que el tiempo es el mejor tesoro, las sonrisas tienen un precio y el respeto no es obligado.
Pesco a las estrellas porque quiero tenerlas conmigo. Si, egoísta, lo sé. Sin embargo, mi anzuelo no duele. También de ello estoy segura.
Sigo creyendo en las personas, en la música, en el poder de las palabras y en la capacidad del ser humano para cambiar las cosas. Confío en cambiar un día mi mundo, mejorarlo y desconfío de la gente que no me invita a intentarlo. Creo en un día de descanso en la montaña sin más compañía que el silencio, creo en el amor para siempre, creo en la inocencia de los niños y en el agradecimiento de los ancianos. Creo en las ganas de vivir, de seguir adelante y en las ganas de bailar. Creo en la sinceridad, en la dignidad y en el desgaste que supone querer gustar a todos. Creo en la obra de Coelho, en la innovación de Picasso y en las canciones de Ismael Serrano. Creo en Pongo y en Perdita, en el destino y en la muerte. Y como esto, aunque suficiente, no es en lo único que creo. Creo que merece la pena perseguir estrellas y rodearse de ellas cuando las cosas no van bien. Si bien es cierto que las estrellas no solucionan los problemas, también es cierto que aportan luz a la oscuridad.
No sé si pesco estrellas, pero sé que las persigo. Y las persigo porque sé que son escasas. Cuando levantamos la vista vemos, en las noches despejadas, una gran cantidad de astros. Sin embargo, muchas nos quedan muy lejos y otros son falsos e imaginaros, estoy segura. Son sólo espejismos, fachadas, estrellas hipócritas que resultan ser diferentes a lo que prometieron ser.
Algo similar ocurre con las personas. Yo persigo a las personas auténticas y firmes a su escala de valores. Tan imperturbables como moderadas y tolerantes. Busco personas de las que hacen la vida más fácil y que no han sido pervertidas por la sociedad actual. Por su continuo vaivén. Por un contexto en el que el tiempo es el mejor tesoro, las sonrisas tienen un precio y el respeto no es obligado.
Pesco a las estrellas porque quiero tenerlas conmigo. Si, egoísta, lo sé. Sin embargo, mi anzuelo no duele. También de ello estoy segura.
Sigo creyendo en las personas, en la música, en el poder de las palabras y en la capacidad del ser humano para cambiar las cosas. Confío en cambiar un día mi mundo, mejorarlo y desconfío de la gente que no me invita a intentarlo. Creo en un día de descanso en la montaña sin más compañía que el silencio, creo en el amor para siempre, creo en la inocencia de los niños y en el agradecimiento de los ancianos. Creo en las ganas de vivir, de seguir adelante y en las ganas de bailar. Creo en la sinceridad, en la dignidad y en el desgaste que supone querer gustar a todos. Creo en la obra de Coelho, en la innovación de Picasso y en las canciones de Ismael Serrano. Creo en Pongo y en Perdita, en el destino y en la muerte. Y como esto, aunque suficiente, no es en lo único que creo. Creo que merece la pena perseguir estrellas y rodearse de ellas cuando las cosas no van bien. Si bien es cierto que las estrellas no solucionan los problemas, también es cierto que aportan luz a la oscuridad.
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