ESCRIBIR


No sabría empezar a escribir estas líneas, en realidad no sé por donde empezar. Ha pasado mucho tiempo, demasiadas cosas y a gran velocidad, cuando miro hacia atrás me siento orgullosa: de los progresos, de los fracasos, de las caídas y de las lecciones.
Lección número uno: no hay mal que por bien no venga, no es solo un dicho, es una realidad testada y contrastada, el problema es llegar a convencerse de que es así. Mi madre me ha siempre dicho que la suerte es para los que creen en ella…...y mi madre siempre tiene razón. He perdido más tiempo lamentándome de mis propias desgracias que en encontrar un trabajo una vez convencida de que no me importaba limpiar casas.
Después, una vez encontrado un trabajo que prometía y, aún estando poco capacitada para hacerlo, podía hacer dos cosas: rendirme y no intentarlo o intentarlo y, de un modo u otro, hacerlo. Hice lo segundo, casi todas las semanas hay un día en el que lo dejaría todo por no tener ganas de esforzarme tanto, pero no pienso hacerlo, porque como cuando estaba en la SER, las satisfacciones cuando llegan no tienen precio. Así como el reconocimiento que nos damos a nosotros mismos después de un duro día de trabajo comiendo un buen Ferrero Roche porque sí.

Con estas líneas no intento decir que soy mejor que nadie, ni mucho menos, no soy una fuera de serie ni nada por el estilo. Al contrario, intento decir que, bajo mi punto de vista, no hay limites más allá de los que nosotros mismos nos ponemos….no es solo teoria, aunque lo parezca, es la verdad. Dependerá siempre de nuestras ganas, de nuestros objetivos y de la gente de la que nos rodeemos. Yo tengo la suerte de contar con muchas personas que creen en mi, y ellos han sido la fuerza en todos los momentos, que no son pocos, en los que yo no he creído. También tengo la suerte de haber encontrado a personas, las he encontrado ahora, dispuestas a darme una oportunidad para demostrar que soy capaz de hacerlo, sin una oportunidad a ciegas no se demuestra nada, y las oportunidades hay que darlas….todos las merecemos….después es nuestra obligación y responsabilidad, no dejarlas escapar.
Intento decir que si yo he podido, tu también puedes……basta creer, empeñarse y trabajar, pero basta sobre todo confiar en nosotros mismos y en nuestra capacidad para cambiar las cosas……no todo está escrito, si no os importa, mi camino prefiero escribirlo yo, para eso soy periodista.

SIN TEMOR AL TIEMPO


Hay personas que tienen miedo a la muerte, otras a la oscuridad, hay personas que tienen miedo a las ratas, a volar, al mar, miedo a las arañas, a los toros…..hay un millón de miedos diferentes y fobias incontrolables. La mayor parte de ellas sin cura, por ser un hecho psicológico que para cambiar necesita, según creo yo, de suerte además de un largo periodo de dura terapia. Muchos de estos causantes del miedo son comunes en un gran número de personas y son conocidas por todos. Sin embargo, no he oido demasiadas veces que se tenga miedo del tiempo.
El tiempo es uno de los factores a los que más hay que temer puesto que puede llegar a ser nuestro peor enemigo y ahí si que no hay cura. No hay nada que hacer. Si no se supera el miedo a volar puedes ir en coche o en barco, hay alternativas. Pero, ¿qué alternativa nos queda cuando nos da miedo el tiempo?. Mejor tenerlo como aliado.

No les falta razón a los que dicen que el Tiempo es nuestro tesoro más preciado ni a los que dicen que cuando alguién nos regala su tiempo nos hace el mejor regalo. Es cierto. El tiempo es limitado y tenemos el que tenemos, no más. Es incontrolable y corre mucho más que nosotros por tanto hay que aprovecharlo. Hasta ahí, todos de acuerdo con el Carpe Diem. Pero, ¿y la otra cara? ¿qué pasa cuándo se dispone de “demasiado” tiempo? Hablo de tiempo de soledad, tiempo para pensar, tiempo para llenar o tiempo para no hacer nada. Es el más feroz de los peligros. Los pensamientos más negativos en las personas llegan cuando se piensa demasiado, estoy segura, llegan los miedos y las inseguridades. El demasiado tiempo es en muchas ocasiones el desencadenante de depresiones y locuras varias, de imaginaciones extrañas y de la creación de historias raras en nuestra cabeza. Por tanto, como se decía anteriormente, es uno de los más feroces de nuestros enemigos si le permitimos controlar la situación. De ahí la importancia de coger de la mano nuestro tiempo, sea cual sea nuestra situación, no para hacer un pulso porque perderemos, sino para caminar juntos y llegar a la perfecta armonía entre las cosas que tenemos que hacer y el tiempo de que disponemos. Intentar gestionar bien cada uno de los momentos que vivimos y tener preparado un buen sistema de alerta que nos avise de cuando el tiempo “se nos cae encima”. Actuar con rapidez en estos momentos es importante. El tiempo es veloz, devastador y aplastante, pero funciona siempre igual, no dispone de la inteligencia de que disponemos nosotros para cambiar las cosas. Ese es nuestro fuerte, no el suyo, por tanto no está escrito que no podamos de algún modo, vencer el miedo al tiempo.

(FOTO:PERFECTAMENTE IMPERFECTA)

BUENOS DÍAS


Hemos perdido los valores. Recuerdo que cuando era pequeña, las mujeres en mi pueblo se pàraban por la calle unas con otras y se preguntaban por cómo iba la vida. Lavar la acera los sábados por la mañana era más un acto colectivo que una tarea del hogar. En mi pueblo sigue sucediendo ahora, pero seguramente se acabará con las nuevas generaciones y con la vida ajetreada de las grandes ciudades.
Desde hace unos días me fijo en la cara de la gente cuando camina por la calle, cuando va al centro, cuando hace la compra, cuando pasea...la gente mira pero no ve nada, no ve a sus semejantes y tampoco le interesa verles. Están demasiado ocupados en sus cosas como para pensar en los demás, para pararse a preguntar o incluso para saludar. Así que desde hace unos días yo estoy haciendo un ejercicio que consiste en ser la primera en saludar y dar los buenos días. Tanto si les conozco como si no, tanto si me miran como si no, tanto si me apetece como si no me apetece.
Por las mañanas voy a correr y veo a abuelitos que dan sus paseos en solitario, señoras que caminan mientras arreglan el mundo y hombres que lo hacen sin ganas por consejo médico. Yo doy los buenos días a todos y sonrío. Y he descubierto que es una costumbre que puede dar muchas satisfacciones. Es cierto que hay personas que me ignoran completamentem pero hay otras que devuelven la sonrisa y, sorprendidas, hasta saludan con la mano. Es precioso y me hace sentir bien.
Al final será cierto que el único modo de recibir es dar primero.

ESPERANDO A LOS REYES MAGOS


Durante los últimos días he decidido que voy a creer de nuevo en los reyes magos. A pesar de que el mito se rompió cuando aún era muy pequeña, demasiado pequeña, he decidido que de nuevo, absolutamente, voy a creer en ellos. Y es el momento oportuno porque llega la Navidad (si si, tres meses pasan volando). Este año, y con tres meses de antelación, voy a pedirles a Melchor, Gaspar y Baltasar poderes mágicos. En mi carta les explicaré que he sido buena y que necesito fuerzas para superar las pequeñas bromas de la vida. Necesito poderes para ver venir las diminutas piedras del camino, que si es cierto que no te hunden, te lastiman las rodillas y después te hacen cojear. Necesito aprender a esquivarlas, a saltarlas y, si es posible, a reírme de ellas.
He comprobado durante los últimos meses, que la vida te pone a prueba. He tenido que tomar las decisiones más difíciles de mi vida, y aunque jamás me he arrepentido de ninguna de ellas, me doy cuenta de que hay que luchar demasiado, que hay que ser muy fuerte porque detrás de una zancadilla seguramente viene otra y no es fácil ser siempre optimista ante las adversidades. Cuando piensas que todo va a ir mejor, que todo se está arreglando, de nuevo oscuridad. Mi problema es que no siempre recuerdo donde está el interruptor de la luz. No es un mensaje pesimista ni triste, es una declaración de intenciones. Es la proposición de ser buena durante los próximos tres meses para que los reyes magos crean en mi como yo creo en ellos.
(FOTO:Wordpress)