ESPERANDO A LOS REYES MAGOS


Durante los últimos días he decidido que voy a creer de nuevo en los reyes magos. A pesar de que el mito se rompió cuando aún era muy pequeña, demasiado pequeña, he decidido que de nuevo, absolutamente, voy a creer en ellos. Y es el momento oportuno porque llega la Navidad (si si, tres meses pasan volando). Este año, y con tres meses de antelación, voy a pedirles a Melchor, Gaspar y Baltasar poderes mágicos. En mi carta les explicaré que he sido buena y que necesito fuerzas para superar las pequeñas bromas de la vida. Necesito poderes para ver venir las diminutas piedras del camino, que si es cierto que no te hunden, te lastiman las rodillas y después te hacen cojear. Necesito aprender a esquivarlas, a saltarlas y, si es posible, a reírme de ellas.
He comprobado durante los últimos meses, que la vida te pone a prueba. He tenido que tomar las decisiones más difíciles de mi vida, y aunque jamás me he arrepentido de ninguna de ellas, me doy cuenta de que hay que luchar demasiado, que hay que ser muy fuerte porque detrás de una zancadilla seguramente viene otra y no es fácil ser siempre optimista ante las adversidades. Cuando piensas que todo va a ir mejor, que todo se está arreglando, de nuevo oscuridad. Mi problema es que no siempre recuerdo donde está el interruptor de la luz. No es un mensaje pesimista ni triste, es una declaración de intenciones. Es la proposición de ser buena durante los próximos tres meses para que los reyes magos crean en mi como yo creo en ellos.
(FOTO:Wordpress)

BIPOLAR

Como cada mañana, el señor Joaquín Rodríguez, se despertó en su lujosa mansión de La Moraleja. Antes de arreglarse para ir al trabajo, tomó un buen desayuno a base de café con leche y brioches francesas de la sección gourmet de El Corte Inglés mientras ojeaba las primeras páginas del periódico. Cuando acabó se dirigió a su habitación para prepararse no sin antes pasar por la sala y encender un magnifico reproductor de música mientras admiraba su colección de cuadros comprados en galerías de Manhattan. Una vez relajado se dispuso a realizar la actividad más importante de la jornada, preparar su atuendo laboral. Sabía que la imagen era fundamental en su trabajo. Unos pantalones rotos, una camisa sucia y un desaliñado gorro que le regaló su abuelo hacía millones de años. Se calzó sus zapatos, hechos añicos, de batalla y salió de casa para dirigirse a la puerta de la iglesia, marcada hoy en su agenda, a pedir limosna.

ESPEJOS Y ESPEJISMOS


Nunca me han gustado los espejos. Me parecían arrogantes, traicioneros y crueles. Evitaba los espejos, su reflejo y su forma de recordarme constantemente lo que yo era que, dicho sea de paso, no me gustaba. Es más, me condicionaba negativamente. Me ha costado mucho entender que siempre he sido yo quien ordenaba al espejo lo que me tenía que enseñar, la imagen que tenía que devolverme de mí misma. El pobre espejo no era más que un mensajero.
Los poderes de la mente son totalmente sorprendentes, inconmensurables, dan miedo. Desde hace ya algún tiempo he dejado de huir de los espejos, cuando miro y no me gusta, cierro los ojos para recordarme que puedo verme sin mirar. Después vuelvo a abrir los ojos y el resultado suele ser un poco mejor. No siempre, claro está, pero el resultado suele ser mejor. Un buen método es sonreirle al espejo, reirte de él, te sonríe y tu te sientes mejor. Aunque parezca una tontería, estoy convencida de que no lo es. Un gesto tan insignificante puede condicionar una mañana de caótico trabajo, la cola en el Inem o un semáforo eternamente en rojo. Si me apuras, diré también que la vida es como un espejo. Si la miras sonriendo, ella te sonríe también. No soy tan ingénua como para creer al pie de la letra estas teorías. Soy consciente de que hay días en los que el sentirnos desgraciados se convierte en la más indiscutible de las realidades. Sin embargo, en frío y haciendo balance, sé que hay parte de razón en ello. Una buena predisposición puede ayudarnos a tener una mejor suerte...quizás....almenos por intentarlo tampoco es que se pierda nada, no?
Creer en estas cosas me ha costado desengaños, sonrisas frustradas y fingidas, lágrimas de soledad y resignación...pero si en un futuro el espejo más veces que menos me devuelve sonrisas y soy yo quien colabora a ello, sabré que el camino era acertado y habrá valido la pena.
Si ya no me vienen ganas de romper espejos y espejismos por las mañanas. Si sé hablar de las pequeñas cosas aunque no entienda nada de física cuántica, sabré que el camino no era equivocado y sonreír, habrá valido la pena. (FOTO: ALVARO RUIZ)

UN PRESIDENTE DE CARTÓN PIEDRA

Antes que nada matizar que no pretendo realizar una crítica generalista ni contra todo un sector. No sería justo ni inteligente. Sin embargo, voy a criticar. Al igual qu eno me gustan los párrocos, obispos....con miles de euros en vestiduras (y eso no es criticar a la Iglesia ni mucho menos), tampoco me gustan los políticos que no sirven de ejemplo. Hace un par de días veía, a través de todos los canales televisivos italianos (están casi todos "comprados"), las imágenes del Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi, trás una reunión mantenida con el presidente ruso, Vladimir Putin.
He de reconocer que cuando veo a Berlusconi en la televisión no le presto demasiada atención, pero esta vez lo hice, le escuché y la sensación fue extraña, por dos motivos. Uno, su forma de bromear, el comentario exacto y repetidos posteriormente en las noticias, fue que "son necesarios dos para pelear pero para divorciarse basta uno". Era la prepotente respuesta del presidente a una pregunta sobre política nacional. Hacer una declaración del género mientras se sonríe a una población que no atraviesa su mejor momento no me parece lo más indicado. Como tampoco me lo parece la figura de un representante político de máximo nivel cuya cara ha sido operada tantas veces que ha perdido las facciones. Es como si una muñeca de porcelana, de aquellas que se regalaban para la Primera Comunión y guardaban nuestra cama, aquellas que daban màs miedo que otra cosa, te diera consejos y te tranquilizara sobre el futuro político. "No grazie, se l'esempio e Lei, preferisco rimanere povera".
No caeré en el error de criticar al Señor Silvio por sus escapadas a la casa de campo con compañía femenina a la que dobla y hasta triplica, seguramente, la edad. Me parece criticable, por supuesto, pero al fin y al cabo es su vida privada. Allá él y sus votantes, y sobre todo, allá ellas, la compañía. Sin embargo, deja bastante que desear que nos pida paciencia para superar la crisis alguien cuyo sentido del humor es inquietante y que se gasta el dinero público para estirarse la cara cual 'Plasticman'.
Si el ciclo económico indica que la situación debe mejorar, "es natural", dice, el ciclo de la vida indica que hay que hacerse mayor y envejecer. No es nada malo. Lo hará él, yo y todos. El dinero lo maquillará, pero no lo evitará.